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Facultad de Humanidades y Artes

Redes afectivas en el territorio: el arte de fabricar encuentros a través de atriles

    La Escuela de Bellas Artes (EBA-UNR) de la Facultad de Humanidades y Artes (HyA) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) ya cuenta con 50 nuevos atriles, realizados por el taller de carpintería del Centro Cultural El Obrador, ubicado en Espinillo y Maradona, distrito Oeste de la ciudad de Rosario.

    Los atriles son herramientas fundamentales en la Escuela de Bellas Artes y se utilizan de manera transversal en diversos trayectos educativos y espacios curriculares; específicamente, se emplean en las asignaturas de: Dibujo, Pintura, Teoría de la forma, Teoría del color, Implementación y Composición. “Para nosotros, estos atriles no son solo herramientas de trabajo; son el resultado de la colaboración y el compromiso mutuo. En tiempos donde los vínculos son fundamentales, elegimos fortalecer nuestra red local y apostar por el talento de nuestra comunidad”, señaló la licenciada Valeria Gericke, directora de EBA-UNR.

    Al mismo tiempo sostuvo que “nos enorgullece que los y las estudiantes experimenten sobre soportes nacidos del oficio y la calidez humana de nuestro querido Centro Cultural El Obrador”. 

    Por su parte Lisandro Arévalo Alsina, responsable del Departamento de Expresión Visual de la institución y quien tomó la posta para coordinar el trabajo desde un enfoque humano y de gestión creativa, cuenta sobre la importancia de los atriles a los que considera “indispensables para el desarrollo de la práctica artística y el entrenamiento, algo que no se logra con otros dispositivos”. 

    En esta práctica se introduce también un concepto a los que ambos funcionarios universitarios consideran vital: el de “redes afectivas”. En este sentido Lisandro explica que consiste en trabajar con personas conocidas y confiables para generar conexiones de ayuda mutua en lugar de realizar una compra automática en plataformas digitales, “se buscó un vínculo más humano y territorial”. Los entrevistados destacan que los atriles comerciales no suelen tener la resistencia necesaria para el uso intensivo de la facultad, en cambio éstos lograron satisfacer las demandas. 

    “Son los mejores atriles que la escuela de arte ha tenido en toda su historia. Realmente son bellísimos”, dijo Valeria Gericke y además subrayó que “casi fue un diseño para la Escuela de Arte, un laburo conjunto que refuerza los vínculos y los actualiza”. Al mismo tiempo expresó que “el vínculo con el objeto, el vínculo con el hacer, el vínculo con el otro, no esa cuestión automática y rápida; es darle todo un contexto que puede ser sumamente rico”.

    Vínculo con el Centro Cultural El Obrador

    El proyecto se canalizó a través de El Obrador, un espacio social y político en el que Lisandro Arévalo Alsina trabajó muchos años y al que le tiene un gran afecto. Allí funciona una carpintería de tipo cooperativo donde trabajan artesanos y jóvenes en formación y atendiendo a esto la propuesta incluyó un diseño conjunto entre la Escuela de BA y el taller bajo la coordinación de Nuka, el profesor de carpintería quienes junto a diez jóvenes del espacio fabricaron los 50 atriles y que entre las particularidades y a pedido de la Escuela de BA realizaron mejoras técnicas a los que ya tenían utilizando cola de pegar y tornillos para asegurar su durabilidad.

    Un dato no menor es que los atriles cuentan con el sello del Centro Cultural El Obrador. Según consideran esto tiene “una importancia fundamental que va desde el reconocimiento del oficio hasta la formalización de vínculos institucionales”. Es un reconocimiento a su “saber hacer” y al esfuerzo de varios meses de trabajo conjunto, dijo Lisandro Arévalo Alsina. Al mismo tiempo llevan el sello de la Escuela de Bellas Artes, esta marca dual simboliza la unión de ambas instituciones y refuerza el concepto de redes afectivas, donde el objeto deja de ser una mercancía anónima para tener una historia y un origen humano claro.

    Además del uso regular por parte de los estudiantes de la facultad (que se estima en unos 500 por semana), existe el proyecto institucional de formalizar un convenio para que los jóvenes que participan del Centro Cultural El Obrador y que fabricaron estos objetos puedan realizar su propio trayecto formativo en la facultad. “Este trayecto les permitiría cursar formalmente materias como teoría del color, teoría de la forma o escultura, integrándose así a la comunidad universitaria a través de la práctica que ellos mismos ayudaron a equipar”, contó la Lic. Valeria Gericke, directora de la Escuela de Bellas Artes de la HyA-UNR.

    En esta vinculación con esta organización social rosarina “seguimos resistiendo, haciendo comunidad y transformando nuestra realidad desde la empatía” consideró el encargado del Departamento de Expresión Visual. 

    Uso y Sentido en la Universidad Pública, el arte de fabricar encuentros a través de los atriles

    Estas herramientas son utilizadas por cientos de estudiantes semanalmente en materias como dibujo, pintura, teoría de la forma y del color. Debido a su calidad, incluso han sido solicitados para otros eventos (como jornadas científicas), pero la escuela busca preservarlos prioritariamente para la práctica de los estudiantes. 

    La idea desde la facultad es “formalizar este convenio porque nos resultaría interesante también generar una instancia como para que estas personas (del Obrador) vengan a hacer alguna especie de trayecto formativo”, dijo la directora de la Escuela de BA porque “es donde creemos que la universidad pública se pone en juego”, y señaló que “el objetivo final es formalizar este convenio para que no sea solo un vínculo personal”. Se proyecta un “ida y vuelta” donde los jóvenes que fabricaron los atriles puedan visitar la escuela para ver sus obras en uso y conocer espacios como su biblioteca, realizar trayectos formativos ya sean talleres como cursar materias dentro de la facultad y al mismo tiempo “vivir la experiencia de la universidad pública bajo el concepto de hospedar al otro, integrándose así a la comunidad universitaria a través de la práctica que ellos mismos ayudaron a equipar”. 

    “Este proceso busca romper con la lógica automática y rápida del consumo actual para darle al objeto un contexto rico en vínculos humanos y pedagógicos” y remarcan que esta propuesta se pudo cristalizar gracias “al aporte y acompañamiento de los trabajadores no docentes de la facultad”. 

    El Centro Cultural El Obrador trabaja con el objetivo de facilitar el acceso a los bienes culturales tangibles e intangibles, proporcionando una capacitación en tecnologías actualizadas y enmarcando su accionar en el respeto a la diversidad cultural.

    Por situarse en una zona de pobladores relocalizados, entre los que se encuentra un alto número de familias de las comunidades aborígenes qom, mocoví y guaraní, procura abordar el complejo entramado sociocultural articulando los distintos saberes a fin de proporcionar a los habitantes de la zona una mejor calidad de vida.

    Sus intervenciones abarcan el área cultural, educativa y la formación en oficios, al tiempo que trabaja en microemprendimientos con perspectiva de desarrollo sustentable, hecho que ha transformado a El Obrador en una verdadera usina de emprendimientos culturales productivos.