Suscribimos a las palabras del Director del Programa Malvinas y Atlántico Sur de nuestra Facultad, Darío G. Barriera, en referencia a la nota “El caballo de Troya de la intelligentzia” firmada por Julián Otal Landi y publicada en la web de la UNR.
CIENCIA, UNIVERSIDAD y NACIÓN EN DEMOCRACIA
por Darío G. Barriera
ISHIR, CONICET Dialoga-UNR
Programa Malvinas y Atlántico Sur Facultad de Humanidades y Artes (UNR)
En la página web de la UNR apareció publicada la nota “El caballo de Troya de la intelligentzia”, firmada por Julián Otal Landi [https://unr.edu.ar/el-caballo-de-troya-de-la…/].
No se indica la relación del autor con la UNR (hasta donde pudimos saber, no tiene ningún vínculo formal), tampoco su filiación institucional y, mucho menos, los motivos por los cuales se le publica una nota cuyo contenido es francamente ofensivo con muchos miembros del campo académico argentino.
El autor –profesor de Historia egresado del Instituto Superior de Profesorado “Dr. Joaquín V. Gonzalez” y, según entiendo, docente de la misma casa– forma parte de un pequeño circuito de influencers que, en lo que respecta al tema Malvinas, trabaja sobre una operación binaria (las actividades que no son “malvinizadoras” son “desmalvinizadoras”) y principios schmittianos (el que no es amigo, es enemigo).
A partir de esa posición –que es epistemológica tanto como política, o viceversa– plantea en la nota que perder el monopolio sobre el ejercicio de la reflexión sobre la soberanía histórica “…equivale a la rendición incondicional en la guerra cultural global”, que nuestra intelligentzia habría entregado a partir del año 1983. Acto seguido asegura que las posiciones de algunos colegas, que son investigadores del CONICET, son los portadores de “discursos desmalvinizadores” que “vuelven al ruedo”.
Cuando se refiere a quienes somos historiadores de formación lo hace encomillando la palabra “profesionales” y afirma que aprovechamos el desastre libertario como propedéutica para discutir complejidades en la Historia que, evidentemente, ni comprende ni son de su agrado –sobre esto último, está en todo su derecho–. La síntesis es que, desde 1983, la historia académica argentina –que ha producido una enorme cantidad y calidad de conocimiento sobre la historia, la antropología, la arqueología y hasta la sociología sobre las Islas Malvinas, sobre toda su historia, sobre sus habitantes, sobre la guerra, sobre la posguerra y también sobre los veteranos–, resulta impugnada en bloque bajo la etiqueta de “colonización pedagógica”.
La “academia” –como yerra el autor– no defiende solamente “valores universales”: también defiende valores americanistas, nacionales, provinciales, locales, regionales, religiosos, agnósticos, civiles, democráticos… Su visión acerca del mundo con el que prefiere no dialogar es plana y, por ese motivo, ataca de manera frontal y sistemática a colegas y colectivos que son un orgullo para la Universidad Pública y para el Sistema Científico Nacional.
El autor se vanagloria (esta vez, en términos pugilísticos) de la apertura de los universitarios “Observatorios Malvinas” como un cross que acierta en nuestra mandíbula (la de los historiadores académicos) en medio de una estrategia de “combate en el mismo campo”. En este sentido, nos sorprende que se haya desnudado públicamente en la web de nuestra Universidad una estrategia donde el puño y la mandíbula conviven en la misma casa, ya que los impactados somos profesores e investigadores de varias facultades y del CONICET.
Elogiar el aplanamiento ideológico, negar el valor de la discusión científica y denostar la pluralidad de posiciones no es, precisamente, cultivar la construcción democrática de conocimiento. Y aquí es donde me parece que no todas las posiciones son respetables. Si alguien opina que hay que llevar un “plan de acción” para terminar con las discusiones sobre un tema, o ganar una disputa de sentido con un “cross mandibular”, creo que no está formulando un juicio respetable, sino una opinión francamente antidemocrática.
En nuestro programa –el Programa Malvinas y Atlántico Sur, radicado en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR desde 2019– un grupo de profesores, graduados y estudiantes trabaja humilde y esforzadamente para enseñar Malvinas en grado y posgrado; para acompañar a los Veteranos de la región a construir sus archivos; para acompañar a la sociedad cada 2 de abril (aunque no nos guste que haya habido una guerra, conocemos el valor de las efemérides, y sabemos trabajar en consecuencia); para acompañar a los docentes de todos los niveles con actualización de conocimiento y de recursos, para atender al periodismo cada vez que se nos convoca.
Pero nuestra lógica no es la de los influencers. La producción de conocimiento científico y académico es lenta, es menos visceral, somete todo a múltiples discusiones, confronta posiciones, atraviesa por tortuosos mecanismos de validación. Eso –y no la lógica de los likes– es lo que hace grande a la Universidad Pública y al sistema Científico Nacional. En definitiva, lamento enormemente que esta publicación antiacadémica y antidemocrática haya sido divulgada por la página oficial de la UNR y espero que el seguramente involuntario episodio no signifique que nuestra querida institución adhiera a posiciones donde un tema tan sensible como este se dirime en términos de combates pugilísticos o de “guerra cultural”.
Dr. Darío G. Barriera
ISHIR (CONICET-UNR)
Programa Malvinas y Atlántico Sur – Director